Los caminos de la Providencia

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A menudo la Providencia nos sorprende entretejiendo una historia admirable. En los años 40 y 50 del siglo pasado el P.Kentenich es fuertemente cuestionado por los obispos alemanes, esto culmina con un...

| Padre Patricio Moore Padre Patricio Moore
A menudo la Providencia nos sorprende entretejiendo una historia admirable. En los años 40 y 50 del siglo pasado el P.Kentenich es fuertemente cuestionado por los obispos alemanes, esto culmina con una visitación diocesana. Hace algunos meses los obispos alemanes eligen presidente de su poderosa conferencia episcopal al arzobispo de Freiburg Robert Zollitsch, miembro del Instituto Secular de los Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt. Él conoció personalmente a nuestro Fundador. Hace pocos días inaugura la asamblea plenaria de los obispos alemanes con una conferencia iluminada e impregnada del espíritu kentenijiano. El título de su alocución evoca tópicos muy queridos por el P.Kentenich: "Reflexiones para el diálogo misionero de la Iglesia con nuestro tiempo". Cuántas veces motivó el P.Kentenich para desentrañar los signos de los tiempos. "Vox temporis, vox Dei" corresponde a una sentencia fundamental de nuestra pedagogía de la fe. Por lo tanto no debemos vivir al margen de los grandes sucesos de la historia, estamos llamados por el mismo P.Kentenich a dar respuestas verdaderas a los desafíos actuales. No basta con repetir frases de antaño, las crisis que nuestro Fundador atisbara en el horizonte son hoy realidades complejas. Benedicto XVI, al iniciar el año de san Pablo, decía que el apóstol de los gentiles "desea hablar con nosotros, hoy". Lo mismo desea el P.Kentenich, hablar con cada uno de nosotros, hoy. El arzobispo Zollitsch desarrolla en su conferencia un interesante experimento, él invita a san Pablo a realizar un nuevo viaje misionero a Alemania. De este viaje imaginario surgen tres preguntas fundamentales:(1) ¿Qué encontraría san Pablo en nuestra Iglesia?(2) ¿Qué le diríamos nosotros a san Pablo?(3) ¿Qué nos respondería él a nosotros? El mismo experimento podríamos realizarlo hoy con el P.Kentenich: invitarlo después de 40 años a visitar nuestros países. Entonces estas tres preguntas cobran plena vigencia, nos mantienen atentos, despiertos, vigilando y no dormidos en corrientes antiguas, ajadas y nostálgicas. ¿Encontraría el P.Kentenich un Schoenstatt vivo dando respuestas a los problemas de nuestro tiempo? ¿Encontraría el Movimiento que él soñó? ¿Arde nuestro corazón por el primer amor y por los ideales que fundaron nuestra Familia? ¿encontraría nuevamente el P.Kentenich esos ojos brillantes y apasionados de los primeros jóvenes? ¿Qué le preguntaría yo al P.Kentenich? ¿Qué nos diría hoy nuestro Fundador? Quizá buscaría respuestas convincentes a la globalización, al desarrollo vertiginoso de las comunicaciones, a la pérdida de los valores tradicionales, al individualismo contagioso, a las crisis económicas, a las guerras terroristas, a las emigraciones desesperadas, a la incapacidad de amar y a la soledad. No dejemos pasar volando estos signos elocuentes de la Providencia. Cada nueva generación plantea nuevas preguntas, posee nuevas sensibilidades y, por lo tanto, funda nuevamente Schoenstatt con nuevas expresiones y formas, con nuevos bríos y sueños, con nuevos fuegos y esperanzas.
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