¿Es la religión una fuerza que hace el bien en la humanidad? (Parte I)

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Ése es el título de un debate que sostuvieron Christopher Hitchens, un connotado y brillante ateo, y Tony Blair, ex Primer Ministro del Reino Unido, convertido al catolicismo un par de años después de que puso término a su carrera política. El motivo del debate creo que concierne a todos los que defendemos y sostenemos una religión, siendo en nuestro caso la fe católica, y particularmente nos concierne a aquellos que defendemos, dentro de la religión católica, el carisma schoenstattiano. Pinche las fotos o en "Leer más... " para ir al artículo completo.

| Mario Requena Mario Requena

Ése es el título de un debate que sostuvieron Christopher Hitchens, un connotado y brillante ateo, y Tony Blair, ex Primer Ministro del Reino Unido, convertido al catolicismo un par de años después de que puso término a su carrera política.

El motivo del debate creo que concierne a todos los que defendemos y sostenemos una religión, siendo en nuestro caso la fe católica y particularmente nos concierne aquellos que defendemos dentro de la religión católica el carisma schoenstattiano.

La publicación del debate está en inglés y una grabación del mismo la pueden ver aquí, en Youtube.

http://www.youtube.com/watch?v=ddsz9XBhrYA

Para ver el calibre de Hitchens aquí transcribo una de sus afirmaciones: “Incluso yo mismo no me llamo ateo y prefiero que se me conozca como un “anti Dios”. Yo no sólo sostengo que las religiones son diferentes versiones de las mismas falsedades, sino también digo que la influencia de las iglesias y los efectos de las creencias religiosas son realmente perniciosas, ya que inhiben al ser humano de ejercer el máximo de sus capacidades”

Hitchens murió a los 62 años a mediados de diciembre recién pasado, atacado por un cáncer al esófago y mantuvo hasta el final sus creencias. Se destacó por su lógica brillante, su raciocinio profundo y su altísima capacidad para debatir ayudada por una cultura enciclopédica y una memoria privilegiada. Su libro más conocido es: “Dios no es grande: Como la religión envenena todo”.

A Tony Blair se lo conoce más y en el Reino Unido no fue una sorpresa cuando se supo que se convertía oficialmente al catolicismo. Blair afirma que su proceso de conversión fue guiado por su esposa Cherie, que es católica observante y afirma que el ser oficialmente católico lo hace sentirse bien y que ahora él está donde su corazón siempre estuvo. Blair ahora dirige una fundación que lleva su nombre y cuyo objetivo es promover el respeto y entendimiento entre las mayores religiones del mundo.

El debate se realizó en Noviembre de 2010, en Ontario, Canadá, en los salones de la Fundación Aurea que acoge a los Debates Munk.

Al debate asistieron 2.700 personas y fue televisado mundialmente por la BBC. A los asistentes se les hizo una encuesta y se encontró que el 25% estaba de acuerdo que la religión era una fuerza que hacía el bien en el mundo, 55% decía que la religión no le hacía bien al mundo y un 20% respondió que estaban indecisos. Cuando se preguntó a la audiencia si estaban dispuestos a cambiar su opinión en función de lo que escucharan en el debate, un 75% respondió que sí.

El debate fue profundo e interesante, y en esta columna deseo poner en el tapete de discusión tanto lo que se discutió en él como su resultado para luego poner mi propia opinión.

Hitchens v/s Blair

En esta primera parte de la columna, nos dedicaremos a transcribir los principales aspectos del debate y el siguiente mes desarrollaremos otros conceptos.

Hitchens empezó el debate diciendo que es propio de un fanatismo simple, originado en la religión, considerar que el ser humano es materia prima para la búsqueda de una inalcanzable pureza. Una vez que asumimos que hay un creador y un plan, la religión hace que el ser humano sea objeto de un cruel experimento porque hemos sido creados débiles mediante el pecado original, pero ordenados a actuar bien llevando conductas morales y espirituales que van contra la naturaleza humana. Peor aún: nuestra única salvación sólo es posible si entregamos nuestras facultad más importante, en este caso la libertad.

La religión tiene extraordinarias reclamaciones para sí misma. ¿Es bueno para la humanidad adorar a una deidad que toma lados en las guerras y que además apela al miedo y a nuestras culpas para obligarnos a comportarnos bien? ¿Es bueno para el mundo tener religiones que consideran a la mujer una creación inferior?

Vamos a un ejemplo: ¿es posible que haya un arreglo en el Medio Oriente, que es lugar de nacimiento de las tres grandes religiones monoteístas, si Dios les ha dado a través de sus libros santos a cada una de estas religiones la promesa divina de que ése es y será su territorio? Árabes y judíos llevan peleándose miles de años gracias a que sus libros santos dicen que esa tierra les pertenece. ¿Es entonces la religión una fuerza buena para hacer el bien en este mundo? ¿Cómo es posible que la enseñanza religiosa en África diga que el SIDA es algo terrible, pero que prohíba el uso de los condones, tratando de imponer valores occidentales respecto al sexo que no van con las culturas africanas? ¿Por qué tenemos que imponer nuestros valores occidentales y no respetar los valores de otras culturas?

Blair empezó su parte del debate diciendo:

“Es indudable que la gente ha cometido actos diabólicos bajo el nombre de la religión, pero también es indudable que bajo el nombre de la religión hay actos extraordinarios de buena voluntad. En el caso del sida, más de la mitad de la ayuda relacionada con esta enfermedad es provista a través de instituciones religiosas.

Es importante también aclarar que la verdadera esencia de cada religión y que es común en todas ellas, es que se debe servir a Dios a través del amor al prójimo. Es famosa la anécdota de un ateo que le dice a un Rabbi que él se convertirá a su religión si es capaz de recitar completamente la Torah, mientras está parado sólo sobre uno de sus pies. El Rabbi se paró sobre un solo pie y dijo: ‘Haz en los otros sólo lo que te gustaría que hagan contigo. Eso es la Torah, todo lo demás es accesorio’.

Con los valores derivados de esta enseñanza fundamental, la humanidad recibe parámetros con los cuales cada uno vive su vida diaria, estimulando el impulso para hacer el bien y disciplinando la propensión humana al egoísmo y a la maldad. Entonces la fe, definida de esta manera, no es simplemente algo importante para los tiempos de carencias o una superstición explicada de manera elegante mediante conceptos filosóficos. En lugar de eso tenemos que la fe responde una profunda necesidad espiritual, algo que existe en todos los pueblos de la humanidad desde que conocemos su historia. Es una presencia espiritual que tiene su propio poder separado de nuestro poder humano y en la medida que las maravillas del mundo se multiplican, nos hace arrodillar en un acto de humildad y no pavonearnos en la soberbia y el orgullo.

La ciencia y la religión están destinadas a complementarse y la ciencia debiera extinguir las llamas del fanatismo religioso y además educarnos en cómo este mundo maravilloso funciona. La fe, por su parte, nos educa en el sentido de cuál es el propósito de todo el conocimiento, los valores que debieran guiarnos en su uso y hacer que nuestras vidas más que materialmente ricas, sea más ricas en espíritu. Imaginémonos un mundo sin la fe religiosa, o sea sin hombres y mujeres que producto de su fe muestran magnanimidad y amor y que creen, gracias a su fe, que aún los más débiles y menos poderosos tienen derechos y que es su tarea defenderlos.

Estoy de acuerdo que en un mundo sin religión, los fanatismos religiosos desaparecerían pero pregunto: ¿El fanatismo sin apellidos también desaparecería? Debemos recordar que el siglo pasado nos dio ya fanatismo sin religión y así aparecieron Hitler, Stalin, Pol Pot, quienes creían que obediencia a Dios era solamente para los débiles y que el hombre tenía que dominar su futuro sin ningún tipo de creencia religiosa.

No niego ni un solo momento que la religión puede impulsarnos a lo diabólico, pero afirmo que las fuerzas diabólicas están basadas en una perversión de la fe y que lo básico de la religión es hacer el bien. No podemos juzgar a las religiones por lo que hacen sus representantes oficiales, así como no podemos juzgar a la justicia por los malos jueces, ni al periodismo por los malos periodistas”.

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