CUARESMA 2009

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Hay situaciones providenciales en que los tiempos litúrgicos coinciden plenamente con la realidad vital de los tiempos del hombre. Así debería ocurrir siempre, ya que el sentido de los tiempos litúrgi...

| Padre Patricio Moore Padre Patricio Moore
Hay situaciones providenciales en que los tiempos litúrgicos coinciden plenamente con la realidad vital de los tiempos del hombre. Así debería ocurrir siempre, ya que el sentido de los tiempos litúrgicos consiste, precisamente, en acompañar e iluminar el caminar del hombre por su vida. El mundo globalizado se encuentra en medio de una tormenta económica que nadie sabe cómo terminará, pero que ya nos ha dejado múltiples lecciones: no podemos seguir ganando dinero infinitamente, ni creciendo desmesuradamente, ni consumiendo el planeta sin límites. Dios nos encargó el cuidado delicado y riguroso de su creación; no siempre hemos tenido la sabiduría de cumplir esta tarea con amor. Nicolás Ridoux se pregunta con buenas razones: "¿Qué es exactamente lo que está ocurriendo en nuestros días? No estamos padeciendo una crisis sino un conjunto de ellas: crisis ecológica (energética, climática, pérdida de la biodiversidad, etcétera); crisis social (individual y colectiva, aumento de las desigualdades entre las naciones y en el seno de las mismas, etcétera); crisis cultural (inversión de valores, pérdida de referentes y de las identidades, etcétera); a lo que ahora se añade la doble crisis financiera y económica. Todas ellas no son crisis aisladas, sino más bien el resultado de un problema estructural, sistémico: cuyo origen está en la desmesura, en la búsqueda obsesiva del "cada vez más" (El País, 21.03.2009). La cuaresma con todo su significado religioso y espiritual es una buena compañera de viaje para darle un sentido profundo a estas crisis. La preparación a la Semana Santa es una oportunidad para una vida más austera y sencilla. Podemos vivir mejor con menos cosas, siguiendo la bella sentencia de San Francisco de Asís: "yo necesito poco y ese poco muy poco"; podemos volver a disfrutar de las cosas simples de la vida: la belleza de la naturaleza, una buena conversación con un amigo, la lectura de un buen libro. La cuaresma es una oportunidad para ejercitar la solidaridad, para ser más generosos con nuestro tiempo y nuestros bienes, para visitar un familiar enfermo, para reconciliarnos con nuestros prójimos. Nada hay más auténticamente cristiano que el compartir y el perdonar. De esta manera la cuaresma es la inmejorable oportunidad de vivirla en su espíritu original: "Nada hagáis por ambición, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando a los demás como superiores a uno mismo, sin buscar el propio interés sino el de los demás. Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo." (Flp. 2,3-5). La cuaresma es el recuerdo vivo de una gran verdad: la cima de la fecundidad cristiana - "éxito, rentabilidad, ganancias" - fue la muerte de Cristo en la cruz.
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