¿Cómo educo a mis hijos en la sexualidad?

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Una de las mayores preocupaciones que tenemos los padres respecto a la juventud se relaciona con la forma cómo están viviendo su sexualidad. Al respecto, los más de ellos han decidido que la educación sobre la sexualidad se refiere a la prevención y si bien es cierto que la educación sexual tiene también una función preventiva, nosotros en Schoenstatt y en general en el mundo católico, creemos que su función primordial es la formativa, la promoción de actitudes, valores, conocimientos y habilidades para obtener dos cosas: la capacidad para ejercer una paternidad y maternidad responsable y segundo, aprender a que es un medio para expresar el amor profundo y permanente del uno con el otro. Hoy en día, nos encontramos que la tendencia es presentar los hechos prescindiendo de si son o no valores, más aún, para la sociedad postmoderna, los valores absolutos ya no existen y eso nuestros hijos es lo primero que esgrimen cuando llega el momento en que, como padres, tratamos de inculcar ciertos valores, peor aún si se ha fracasado en hacerlos carne en nosotros mismos...

| Mario Requena (Bolivia) Mario Requena (Bolivia)

Una de las mayores preocupaciones que tenemos los padres respecto a la juventud se relaciona con la forma cómo están viviendo su sexualidad. Al respecto, los más de ellos han decidido que la educación sobre la sexualidad se refiere a la prevención y si bien es cierto que la educación sexual tiene también una función preventiva, nosotros en Schoenstatt, y en general en el mundo católico, creemos que su función primordial es la formativa, la promoción de actitudes, valores, conocimientos y habilidades para obtener dos cosas: la capacidad para ejercer una paternidad y maternidad responsable y, segundo, aprender que es un medio para expresar el amor profundo y permanente del uno con el otro. Hoy en día nos encontramos que la tendencia es presentar los hechos prescindiendo de si son o no valores, más aún, para la sociedad postmoderna, los valores absolutos ya no existen y eso nuestros hijos es lo primero que esgrimen cuando llega el momento en que, como padres, tratamos de inculcar ciertos valores, peor aún si se ha fracasado en hacerlos carne en nosotros mismos.

El P. Kentenich dice que educar la sexualidad sana es educar el amor. Y aquí está el desafío: entregar amor a nuestros hijos. Crear un clima afectivo en el hogar. Los adolescentes de las familias de hoy -postmodernas, se podría decir- en las que los valores relacionados con la afectividad, la fidelidad y la perseverancia no son válidos, tienen una búsqueda ávida y desesperada del afecto que la mayoría de ellos no ha podido encontrar en sus casas -porque hogares no tienen- y esa búsqueda la canalizan mediante las relaciones sexuales en las que tener sexo no tiene un significado más allá de lo que hace 20 años -al menos en nuestras sociedades latinas- lo era un beso a la polola.

En la mayoría de los casos, lo que buscan las parejas de pololos de hoy no es amor sino compañía con un mínimo de compromiso. Son relaciones donde se piensa más en el yo de mis carencias y no en el tú, menos aún en el nosotros. Y peor aún, en la mayoría de esas parejas, dada su propia mala experiencia de amor en familia y hogar, simplemente no pueden aplicar lo que no saben por lo que están destinados a reproducir el fracaso de sus padres. En efecto, muchos chicos hoy en día - dado que los más se educan con mamás y papás que no son sus padres biológicos, o en casas donde hay ausencia total de uno de ellos- buscan en su pareja una figura materna o paterna y no tanto un tú que le complemente como adulto responsable que desea enfrentar la vida y sus avatares. Entonces cabe preguntarse, ya que la sociedad en que vivimos es ajena a lo que nosotros creemos y es muy difícil aislar a nuestros hijos en una burbuja: ¿Qué hacemos?, ¿Cómo educar una sexualidad en la que se incluya el proyectar una vida nueva cuando lo más importante para los jóvenes de hoy es conocer la mayor cantidad de medios de control de la natalidad?

Más preguntas: ¿Cómo educar a los hijos para salir del "yo" en una sociedad donde el "yo" es más importante que el "tú"? Es decir ¿Cómo enseñar a mis hijos en entregarme al tú para así construir un nosotros, si la mayoría de las parejas de hoy ha fracasado en esa tarea?

Ante esos inmensos dilemas, muchos padres, frente a la pregunta de qué decir a nuestros hijos respecto a las relaciones sexuales cuando están pololeando, simplemente tiran la esponja y aceptan que las relaciones sexuales juveniles son algo inevitable por el hecho de que la mayoría ya lo hace y por ende, sólo recomiendan a sus hijos el uso de anticonceptivos.

Lo que nos dice el Padre Kentenich para enfrentar este tema, es bien esclarecedor, sin embargo la aplicación del consejo no es tarea sencilla: "Educar la sexualidad es educar la armonía entre lo instintivo, lo afectivo y lo volitivo, o entre el sexo, el eros y el amor." Y, sin ningún género de dudas, lo más claro que nos dice es que esa armonía es fruto de la gracia, de la oración, del abrirse a Dios. Por eso, es primordial que creemos en nuestros hijos una educación hacia lo espiritual, hacia lo trascendente, hacia lo que eleva los ideales y lo mantiene en contacto con Dios.

Para conseguir esto, lo más importante es mantener el diálogo y no mostrarse frustrados o intransigentes cuando vemos que las cosas no están resultando como nosotros quisiéramos. Y para mantener ese diálogo recordemos que hay que escuchar primero -sin interrumpir- y luego, cuando nos toque hablar, hacerlo con afecto. Lo segundo es rezar, porque dado que los chicos ya abrieron sus alas y quieren volar, sólo Dios nos puede dar el criterio, la confianza y la fe para que dejar que ellos practiquen su derecho a ejercer su libertad y por último, lo que es obvio, pero a mi entender lo más difícil: predicar con el ejemplo.

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