¡Aquí no discriminamos!

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Una de las cosas más importantes que nos encomendó Jesús fue amar a nuestro prójimo. En esta columna, Rafael Mascayano nos habla de una iniciativa llamada "Café pendiente", la cual permite hacer un simple pero significativo gesto de amor a un desconocido, a un hermano en Cristo.

| Rafael Mascayano Rafael Mascayano

Día domingo en Chillán y salimos con Nena (my wife) a buscar un lugar donde almorzar. Buscando y buscando, encontramos un lugar ítalo argentino y que prometía buenas pastas.Ya habiendo seleccionado qué comer, Nena se dio cuenta de una tarjeta que hablaba de la filosofía del Restaurant y como buena consultora organizacional, la comenzó a leer con mucho interés en voz alta. En uno de sus puntos más relevantes, se expresaba que estaban adheridos a "café pendiente", un movimiento italiano que promueve que los clientes de estos locales adheridos puedan pagar un café a una persona en situación de calle. Lo novedoso era que en este local también lo habían extendido a "una colación pendiente".

Conversamos con Nena, si la colación o el café, se las servían al interior del establecimiento o se la entregaban para que la comiese en otro lugar. Como llegaba a nuestra mesa el chiquillo que nos atendía, Nena le preguntó sobre esta duda y él en forma muy enérgica le contestó: ¡Señora, aquí no discriminamos a nadie! ¡Toda persona que entre aquí debe saber que puede estar almorzando al lado con una persona que también necesita comer! Y como Nena le preguntase cómo se organizaba este servicio, él nos mostró una pizarra donde estaban las colaciones y cafés pagados (pendientes) en esa semana y los que habían sido servidos: también política de transparencia.

Realmente una iniciativa donde se vivía sin muchos aspavientos lo que realmente el amor al hermano que sufre y sin tampoco una visión religiosa o de alguna confesión determinada, solo el hecho de ayudar de manera efectiva a un hermano más necesitado. Una actitud evangélica, la actitud del buen samaritano.

Esto me recordó de un comentario que nos relató en aquel tiempo la Hermana Izberga cuando nos visitó a nuestra Escuela de Jefes (1972) de la Juventud Masculina Universitaria. Ella nos relató que estando el Padre Kentenich un día en Bellavista, un grupo de hermanas lo rodeaban como niñas conversando y queriendo preguntarle obviamente muchas cosas. En un momento el Padre se quedó en silencio y con cara muy seria les señaló a un hombre que estaba con un tarro esperando un poco de comida que las hermanas repartían a diario. Él les dijo, "¿es que no hay nadie que lo atienda? A él hay que atenderlo primero". La Hna. Izberga comentaba que muertas de vergüenza corrieron a darle lo que este mendigo estaba esperando. En muchas ocasiones nos encontramos al Padre compartiendo lo que tenía o procurando que nada les faltase a personas con necesidades económicas.

La mesa de ese local, era una mesa en la que todos sin distinción económica o social podían estar juntos sirviéndose su plato de comida, en la maravilla de que todos somos hermanos y todos podemos ayudarnos unos a otros, pero lo más importante: estando unos al lado de otros.

Este modelo que nació en Italia y que poco a poco se va propagando con la paciencia y tranquilidad de los sucesos importantes, ya ha tomado cuerpo en Chile y son cada vez más las cafeterías o restaurant que se incorporan a este grupo. La persona en situación de calle ya sabe que ahí puede preguntar sobre "su" colación o café que otro hermano ya pagó por y por el cual tiene derecho a consumir. Hay un sentido de dignidad, de humanidad, de respeto y cariño por el otro, aunque no sepa quién es, pero también hay una filosofía de "confianza" que esas personas realmente lo están entregando a personas que lo necesitan y por lo que he visto esta actitud se ha internalizado a tal punto, que llega a ser ofensivo el pensar que no pudiesen aprovechar de esta situación.

A la vez, he estado en empresas que al momento del almuerzo tienen espacios diferentes para los ejecutivos, los empleados y los auxiliares, en una situación de segregación violenta entre las personas que constituyen un mismo grupo humano para el logro de las metas de dichas organizaciones. Creo que en estos lugares, incluso colegios católicos, estamos contrariando lo que el apóstol Santiago nos incita a que vivir el evangelio de Jesús implica ¡No hacer acepción de personas!

Quiera Dios que estas iniciativas como "un café pendiente" o "una colación pendiente" puedan fructificar como la buena noticia de que todos nos debemos unos a otros y que todos debemos compartir la misma mesa.

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